martes, 27 de diciembre de 2011

Experimento literario 1: Realismo barato.

Descolorido

- Azul, azul… ¡claro! ese es el color del capitalismo ¿por qué jodidos no se me ocurrió?

Siempre disputaba por este tipo de cosas con el viejo. Todas las tardes de domingo, íntegras en su despacho hablando puñados de patrañas sobre el deber ser o el debería. Tarugadas que resolverían todo pero que irónicamente nunca lo hacen. Yo siempre estaba en contra, generalmente un guion negativo en una ecuación a mano alzada. Me describiría como un joven arrinconado pero cuerdo. La sensatez, a su pesar, tildada de pendejez pero en el fondo yo sé que es contracultura en bruto.

- ¡Eres un rojo! – interrumpió el abuelo.

De alguna manera lo era. Curiosamente siempre fui un sujeto amarillento, una especie de ictérico imposible que aspiraba a comunista. Los rojillos eran buenos tipos que componían sinfonías interesantes para un público afligido compuesto de quién sabe…cientos o quizá miles. Todos ellos despojados del reino por los defraudadores: los ingobernables. Yo, un resentido de la existencia  me alíe a esos rollos sabiendo que era inevitable.

Mi padre, el zoólogo hacía tiempo que me diagnosticó el síndrome de los rojillos. Se trataba de un coraje comunistoide,  un veneno necesario y digno añadía un tío inexistente que podría haber sido yo. Era cierto, había un poco de sentimentalismo en el atrevimiento comunista donde no todo eran efigies, un kremlin, pictures y un fárrago de superchería intelectual. Hedía a un pathos en los retorcidos rostros de mujeres y hombres perceptivos, sensibles, intuitivos. Por eso un comunista, ninguna noche dormía solo. Siempre estando ahí, en su cabecera el bendito odio.

Por unos momentos me quedé en silencio. El domingo, a través de las cortinas no alcanzaba a cerrarse. El debate se agudizaba. El viejo sacaba cada vez que podía la cajita de toallas húmedas donde ocultaba los fajos de dinero obtenidos de su negocio de prestamista. Aquel varo era mucho.

–Mira cuanto hijo, lo que he ganado. El sudor tarde que temprano se metamorfosea y se vuelve oro. El capitalismo es oro chico. Allá en el armario hay más cajitas como esta. 

Pobre tipejo. Trabajó para la vida y siempre fue un miserable, un hambriento y famélico. Un desamparado manufacturado a la antigua. Receló en su tiempo a los poderosos y se  propuso ser distinto cuando alcanzará el umbral. Curioso ya nadie los usa, pero en fin. Lo logró con la urdimbre económica y al llegar a algo se acrecentaron en él los egos. Se dejó convencer por lo de la tacañería y su mirada cambió. Una cirugía plástica no basta para cambiarle la vista a uno pensé.

Recuerdo que después de oír eso, yo sólo sonreía. Estaba fuera de mi cuerpo viéndome mostrar mis pequeños dientes. Siempre sonriendo, fabricando algo, un arma. No son tan malas como dicen.

–Anda que dices a eso chico. Ves estas rojo al igual que ellos, un color rojo vergüenza ¡eso! Jajaja. Admítelo, me salió fenomenal.

Solía hacer el abuelo analogías todo el tiempo. Eran curiosas, atrevidas pero bastante sosas para despertar una mueca. Tenía que seguirle. Sin embargo las cosas más divertidas aparecen al final, cuando todo se ha ido al carajo. Me rendí y me fui sin más, pues algunas personas son imposibles. Salí. La abuela quedó tras de mí, limpiando ansiosamente con una franela la taza que le mandó tío Agustín del gabacho. Yo desde un inicio había estado en retirada.

Me fui ideando un final. Nunca lo hubo. Una letanía y sólo la equivocación que llegaba tarde. Éramos humanos haciendo lo mejor que sabíamos: pelear por migas. Nadie debía ganar pues él estaba enfermo y yo también. Los colores nunca son fuentes confiables. Imagina si hubiera cedido a su juego de analogías. Agrediéndonos puerilmente afirmando que el rojo es vida por la sangre y él diciendo que el azul en las venas es mejor al recoger la mierda del cuerpo. Que la alegría es roja y la muerte era de un azul oscuro. Que el rojo es caluroso y el azul es frío. Que la mayor parte del día el cielo es azul y sólo cuando muere el día se vuelve rojo, en un fatídico ocaso. Caer en lo más bajo de las analogías de espíritus ingeniosos, ociosos y por qué no pusilánimes también, buscando justificar colores e ideologías.

No obstante, ninguno podía ganar en esa tarde pues que yo sepa nadie se ha madreado a las paradojas. Las reyertas de comunismo o capitalismo, rojo o azul, siempre eran lo mismo. No existían más colores, eso era de insectos y reptiloides. Pateé una lata, me encontraba un poco desanimado percatándome que ambos habíamos perdido existencia, sesos y sustancia. Tenía que encontrar pronto otro color, en algún sitio y en el mejor de los casos refugiarme en el más constante de todos en un negro súbito o bien convertirme en un invidente feo y burlón.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Eclecticismo académico, el individualismo oculto.



A manera de ejercicio reflexivo, trataré una práctica asidua que ocurre en el ámbito académico, especialmente en la ciencia social como referente empírico. La cuestión a tratar es el eclecticismo (postura que busca retomar ideas, argumentos, conceptos y metodologías de diversas corrientes), una práctica que puede ser contraproducente en la elaboración del conocimiento, una postura que puede ligarse con el individualismo y que desde otra perspectiva contribuye a la creación de intelectuales orgánicos en las universidades que fácilmente son y pueden ser controlados.


Un aspecto que he identificado es que lo colectivo se pierde generalmente al hablar de corrientes teóricas. Se piensa frecuentemente en un contenido ideológico determinado, una perspectiva o se concibe como fruto de un científico brillante. Sin embargo, es importante retomar el carácter social derivado de su aparición, donde la adhesión a la misma implica el nacimiento de un grupo secundario, compuesto de personas que se identifican con un paradigma, que luchan, que reflexionan, que defienden su espacio intelectual.


Los paradigmas científicos cambian inevitablemente desmembrando las agrupaciones y originando otras, pero se puede afirmar con gusto que se perteneció a un  grupo, que se explotó una posibilidad teórica, que se realizaron aportaciones, que se aprendió algo sobre algo y que se hizo sociedad. Actualmente, el apego se clasificaría como un acto de sumisión ante una autoridad intelectual despótica, de negación de la individualidad, un atentado contra los valores de la sociedad democrática, siendo estas consideraciones elementos de una representación intelectual que promueve el seguimiento de las motivaciones particulares, individualistas, solitarias, eclécticas para tomar un sendero que no lleva a la colectividad, que reafirma el orden dominante de pensar la realidad social.


Existen odios por parte de los científicos sociales hacia el orden moral impuesto por el capitalismo, el cual ya está irónicamente integrado en el ámbito científico. El individualismo por ejemplo,  se ha ido infiltrando valiéndose de las nuevas generaciones, adulterando el espacio y a los actores que deberían presentar una oposición efectiva. El modo de producción hegemónico, odiado, marchito, frívolo ha ingresado en la academia evitando consolidaciones teóricas, ofertando variedades que fomentan la dispersión del espíritu científico y evitando la creación de un sentimiento de pertenencia que derivaría en la formación de una organización social. Las universidades (al menos en la que suelo discurrir) no fomentan posturas teóricas, no crean BASES como referencia,  simplemente buscan la creación de trabajadores sociales completos de fragmentos que se identifican con el vacío, que se pertenecen a sí mismos, detentando gafas de poca realidad. Y en silencio los científicos sucumben, siendo absurdos al imaginarse socialistas y haciendo todo menos comunidad. 






Puedo afirmar que somos inconsistencias, somos incapaces de definirnos y no poder hacerlo es una problemática que inclusive debe alterar nuestra percepción de la realidad al no tener una base sobre cómo debe ser el abordaje de la misma. En una ocasión un sujeto trató de concretizarse como un postmodernista estructuralista tendiente al neomarxismo ¿Es posible en nuestro pensamiento occidental (disociado) pensarse así cuando no podemos ver una relación al visualizar dos objetos tal como lo ve un individuo nacido en una sociedad pre-capitalista? En la cotidianidad uno dispone de numerosos estatus como establecía Linton en su Estudio del hombre, un actor puede ser padre, hijo, funcionario, ciudadano, hereje, de forma simultánea pero en áreas específicas o en relación con los demás. Resulta inviable a manera de analogía pensar que se puede ser cristiano, budista y una fracción de mahometano, a manera burda de ejemplificación.


Soy consciente de que tener un sólo argumento priva la visión de las cosas, sesga el  conocimiento, sin embargo se nos olvida que la búsqueda de las soluciones, de las hondonadas académicas es colectiva, no aislada. Las cartas de Engels a Marx, de Althusser a Gramsci, donde amistades compartían y buscaban alcanzar una máxima explicativa, constituyen ejemplos impactantes de que la teoría social tiene otros alcances humanitarios, además basta recordar la cantidad de corrientes que se fundaron bajo éste modelo de tipo colectivo.


Ahora lo aceptable es el encierro intelectual, la crítica por la crítica, el pesimismo sobre las corrientes, el conocimiento parcelario, leer críticas sin tiempo para comprender la totalidad del pensamiento, la trascendencia del yo sobre los demás, no retomar los postulados con la finalidad de trabajar en ellos (es que no hizo trabajo de campo ¿Por qué no lo haces tú para comprobarlo y completar la visión?) y el desprecio de autores por herencias orales.


Considero al eclecticismo como un elemento que expresa el rompimiento con lo social, con los grupos académicos, dejándonos en una quietud sin precedentes de diversidades que no se pueden organizar más que por otras estructuras periféricas. Para finalizar, es sabido que nadie quiere estar en una jauría, prefiriendo explorar los lindes del vanguardismo, de la máxima distinción retomando el concepto de Bourdieu, donde lo curioso es que los primeros tienen apoyo, se cuidan y los últimos sólo se tienen así mismos o a uno que otro seguidor que busca en cualquier momento derrotarle sin que nadie pueda o esté dispuesto a defenderle.




Otro día en el tiempo de las formas.

miércoles, 27 de julio de 2011

Manifiesto.

Aquí radico cerca y  lejos. Otro que nace lejos del medio. Uno de los pocos que despierta a diario en el otro bloque del pensamiento contemporáneo. Solo, vertido en gris, próximo a la trinchera de la ficción. Armado con un argumento lógico indestructible, una palabra irrevocable y ellos defendiendo lo indefendible: el absurdo.          



El absurdo colectivo podría ser infinito.