sábado, 28 de enero de 2012

Experimento literario: Realismo barato 4

Golpeado por el perdón.

Mi tío por alguna razón se había quedado a comer un plato de pozole y Román, mi hermano el chico continuaba con nosotros antes de largarse a Tombuctú. Conversar en la cocina, hasta la fecha gozaba de ser una práctica saludable en nuestra pequeña unidad familiar y aquella tarde probablemente no sería la excepción. Recuerdo que departíamos experiencias sobre el tedio escolar, los infames trabajos anunciados en el periódico local, las bajas económicas, los mezquinos que decoraban las manos de mi tío y hasta armamos un debate sobre a quien correspondería ganar los olímpicos.

Mi familia en aquella época no estaba de acuerdo con la relación que tenía con la dulce Mónica y cada que podían lo sacaban a relucir, era todos los días como si el asunto fuera un reloj costoso. Mónica, una chica delgada de tez morena,  sumamente estudiosa y dedicada era mi adoración, pero la violencia cada tanto encontraba sus formas para llegar a mi. Solía creer en aquella época que podía sobrellevar perfectamente todo acto violento y que tenía muchos anticuerpos. La vida me había hecho un experto en el arte de apechugar surgiendo un pecho vigoroso, amplio, fuerte como el de un sapo agredido. Pero cada tanto un hombre medio humano puede sucumbir a las rencillas de gente perdida. Así como los huesos ceden al ser arrojados a los acantilados o cuando uno se madrea el dedo meñique con el filo de la portezuela. La vida cansa, aprender duele y todo es más o menos así desde que inicia el año. Apechugar se los digo, no deja bondad alguna engendrando traumas, maquinando heridas internas invisibles a los ojos de los apacibles médicos. Solía pensar mucho sobre los traumas por aquel entonces y siempre me cuestionaba si existían traumas buenos ¿lo positivo te marca? ¿es capaz de crear cicatrices? No importa, porque no es el momento de pensar en estas baratijas pero ustedes saben que una cosa lleva a la otra cuando se vive en el vientre, en las mismísimas tripas del gato.

La cosa es que de un momento a otro ellos principiaron el ataque. Formidables buques de colisión que me lanzaban cañonazos a diestra y siniestra. Decían que mi novia esto, su cara esto, su cuerpo, sus ideas y su ser servido a la plancha en una mesa. Ella ganadora de múltiples premios siendo la mejor de su generación no importaba en lo absoluto, puesto que su silueta no era la de las modelos llenas de altitud y ficción. Distante de las chicas mensas que aparecen en Vanidades prostituyendo un poco de atención. Román recuerdo que  de vez en cuando se levantaba diciendo:

- ¡Esta tan plana como esta fea pared! Entonces empezaba a lengüetear sagazmente el muro fingiendo ser yo en un encuentro con Mónica.

Todos reían, era un circo, ellos estaban felices menos yo que desde el otro lado de la mesa me la aguanté media hora soportando risotadas. Intentaba blandir un puñetazo y nada, sólo llevaba cobardía en el pantalón. Tampoco había por ahí algún insensato que me pudiese ayudar a derrocarlos. Siempre estaba ahí solo, un tipejo vestido con una espiral. Yo trataba de contener lo que tenía en el pecho era inútil, haciéndome con  cada segundo letal. Me estaba tomatizando. Escuchaba a lo lejos a alguien decir “un perdedor siempre será un perdedor sin importar dónde y cuando”. Estaba en silencio a punto de estallar. Mi plato estaba frío. Mi madre fingía no estar de acuerdo, pero se burlaba pues veía hidratarse de jovial sangre sus pequeños ojos, toda aquella mierda le resultaba deliciosa.

Sin previo aviso, les juro que me rompí. Adiós costillas flotantes, pulmones y dolor. Entre las trazas de mi memoria alcanzo a verme a mi mentándoles la madre con el brazo y con la palabra -¡Chinguen a su madre!- que repetía una y otra vez. Me largué. Estallaron las risas, me imitaron volvieron todo aquello otra comedia. Fui escaleras arriba, me vestí mejor puesto que andaba harapiento y fui a verla.

- ¿Qué tienes mi amor? me dijo cuando llegué a su casa.

- Nada Moni, nada. Le besé su frente. Me estaba recomponiendo y empezaba otra vez a apechugar.

Mi madre en los días siguientes no me preparó de comer por haberla insultado, mi hermano continúo con su relajo y mi tío, al imbécil al que le pusieron el cuerno cada que me ve se burla de como se las rayé y de lo cagado que estaba. Tal vez estaba jodido ¿me había equivocado? quizás un verdadero caballero no debía defender a su chica. Un caballero de los de deveras debía dejar que le metiesen mano bajo las bragas de su chica y aceptar que se burlaran de su destino, la cosa era aguantar. Tal vez las novias no importan tanto por eso no había que hacerles caso, al menos eso era lo que ellos decían. Todo era tan difícil de interpretar, pero siento que es probable, que yo estuviera errado y continúo muy preocupado porque para ser honesto aún no encuentro la forma de pedirle perdón a Román, a mi tío, a mi mamá y ya de paso a la humanidad.

Así que ¿me perdonan?     

domingo, 22 de enero de 2012

Experimento literario 3: Realismo barato.

La gran hermandad


Siempre le molestaba aquel tipo. Su hermano era como una bestia gigantesca ebria. Salía en las tardes con sus amigas y solía presumir sus dotes o afectos ante extraños como yo. Su hermano mayor, el crédulo de José era mucho más torpe. Por alguna razón las gafas le habían encasillado desde edad temprana al estereotipo más soso y eso le impedía tener una vida estándar pues nadie le creía valioso –Ni un centavo José, ni un centavo- le decía su tío cuando pasaba por él a la primaria mientras se rascaba la calva.

José y  German se presentaban como un caso de fraternos opuestos haciendo entretenidas discusiones de corte liberal y conservador, de como tratar a las chicas, etc. La verdad es que ambos tenían un pleito interno fortísimo que tenía efectos enormes en la realidad familiar, inclusive frente a amistades haciendo de sus contiendas una cuestión netamente externa.

La neblina que embargaba a José se agrandaba con el favoritismo parental que hacía que todo continuase mal para ellos. Generalmente el abusivo era el tipo admirado, pues German solía arrojar a las chicas como mondadientes además de ser un fulano violento, en cambio  José un tipo con pocas luces pero dedicado duraba bastante con sus novias que regularmente estaban cojas o inclusive ciegas como la alegre de Violeta. Sus padres eran gente amable pero con frecuencia defendían a German de situaciones embarazosas con un apoyo implícito, una palmada invisible que de alguna forma jodía enteramente a José y creo yo que ha jodido a toda la humanidad.

José si bien, trataba de guiarse constantemente por lo debido para agradar a sus padres, siendo lo anterior creo yo su mejor error, todo esfuerzo parecía inútil y era por eso que en esa ocasión se mostraba bastante tristón. Tenía múltiples dudas y pretender que yo se las respondiera, la verdad se veía como algo que no iba a pasar ni en una centuria. Para eso les pagaban diezmos a los sacerdotes y a los psicólogos, aunque  el asunto de la hermandad me tenía intrigado porque nunca he sabido muy bien de que se trata.

Yo había visto muchas cosas y estaba seguro de que amarse como hermanos consistía literalmente en romperse a pedazos no como lo que pregonaban las series televisivas. Ser hermano se trataba de buscar la forma de derrocar al otro, como una cuestión similar al Edipo de los cuales cabe añadir no salen muchos muy bien librados de por sí. Siempre hay uno que le va bien mientras al otro le va de la tiznada siendo la gran familia humana una hermandad de lo más interesante y  bastante horrible. No era Dios ni mucho menos el responsable de hacer esas cosas al menos él tendría ética. Francamente se trataba de otro gastado juego humano que reproducían una y otra vez. Algo tendría que ver con el orden de los nacimientos o quizás el poder de los astros como aseveraba German. Todo era muy bizarro, el estar condenado de alguna forma, una fuerza competitiva precaria detrás de todo asunto o toda acción para ser el único. Ahora añade ser el débil y no el favorito eso te lleva a urgencias sin escalas o bien a villa depresión por tiempo indefinido.

La verdad es que yo no podía ayudar a José en lo más mínimo porque en primer lugar no pertenecía a su familia y tampoco pertenencia a la sociedad que de por sí esta toda revuelta. Recuerdo que sólo me limite a asentir, comiendo mis ricos cheetos naranjas mientras José hablaba y hablaba. Después me quedé pensando que en caso de que no se resuelva la bronca fraterna la sociedad continuaría siendo un mal chiste o bien un gigantesco patio dedicado por completo al  fútbol. Todo aquello era horrible, pero tengo que admitir que era bastante reconfortante saber que yo era hijo único. 

domingo, 15 de enero de 2012

Experimento literario 2: Realismo barato

Ante la vida

Estaba esa vesícula en mi pieza tambaleándose buscando asirse a la litera de junto. Había puesto nuestros ropajes en el piso para dar inicio al suave tanteo, pero para mi desgracia aquél cuerpo había perdido todas sus notas una vez abajo el pantalón. Podía verse claramente infinidad de marcas en ese par de nalgas. Nunca había visto tantos granos que supuraban no sé que diantres al mismo tiempo. No era placentero tener esas heridas enfrente provenientes de un traserillo deshecho. No me atreví a tantear ninguno de sus cachetes, ni siquiera pude poner atención suficiente para encontrar algo bello en su horror. Sólo podía permanecer de pie mientras ella giraba su cabeza rápidamente, agitando sus cabellos mientras  gritaba y se burlaba de mí. Con cada espasmo parecían caer minúsculos pedazos de su piel sobre mis pies descalzos. Era un hedor, una sensación…verdaderamente terribles. No puedo decir con certeza que ocurrió después pero luego de atisbar aquello pensé muy seriamente las cosas. Tal vez, si la vida te llegase a dar la espalda, tocarle las nalgas es algo que quizás debas pensarlo más de dos veces.