miércoles, 24 de agosto de 2011

Eclecticismo académico, el individualismo oculto.



A manera de ejercicio reflexivo, trataré una práctica asidua que ocurre en el ámbito académico, especialmente en la ciencia social como referente empírico. La cuestión a tratar es el eclecticismo (postura que busca retomar ideas, argumentos, conceptos y metodologías de diversas corrientes), una práctica que puede ser contraproducente en la elaboración del conocimiento, una postura que puede ligarse con el individualismo y que desde otra perspectiva contribuye a la creación de intelectuales orgánicos en las universidades que fácilmente son y pueden ser controlados.


Un aspecto que he identificado es que lo colectivo se pierde generalmente al hablar de corrientes teóricas. Se piensa frecuentemente en un contenido ideológico determinado, una perspectiva o se concibe como fruto de un científico brillante. Sin embargo, es importante retomar el carácter social derivado de su aparición, donde la adhesión a la misma implica el nacimiento de un grupo secundario, compuesto de personas que se identifican con un paradigma, que luchan, que reflexionan, que defienden su espacio intelectual.


Los paradigmas científicos cambian inevitablemente desmembrando las agrupaciones y originando otras, pero se puede afirmar con gusto que se perteneció a un  grupo, que se explotó una posibilidad teórica, que se realizaron aportaciones, que se aprendió algo sobre algo y que se hizo sociedad. Actualmente, el apego se clasificaría como un acto de sumisión ante una autoridad intelectual despótica, de negación de la individualidad, un atentado contra los valores de la sociedad democrática, siendo estas consideraciones elementos de una representación intelectual que promueve el seguimiento de las motivaciones particulares, individualistas, solitarias, eclécticas para tomar un sendero que no lleva a la colectividad, que reafirma el orden dominante de pensar la realidad social.


Existen odios por parte de los científicos sociales hacia el orden moral impuesto por el capitalismo, el cual ya está irónicamente integrado en el ámbito científico. El individualismo por ejemplo,  se ha ido infiltrando valiéndose de las nuevas generaciones, adulterando el espacio y a los actores que deberían presentar una oposición efectiva. El modo de producción hegemónico, odiado, marchito, frívolo ha ingresado en la academia evitando consolidaciones teóricas, ofertando variedades que fomentan la dispersión del espíritu científico y evitando la creación de un sentimiento de pertenencia que derivaría en la formación de una organización social. Las universidades (al menos en la que suelo discurrir) no fomentan posturas teóricas, no crean BASES como referencia,  simplemente buscan la creación de trabajadores sociales completos de fragmentos que se identifican con el vacío, que se pertenecen a sí mismos, detentando gafas de poca realidad. Y en silencio los científicos sucumben, siendo absurdos al imaginarse socialistas y haciendo todo menos comunidad. 






Puedo afirmar que somos inconsistencias, somos incapaces de definirnos y no poder hacerlo es una problemática que inclusive debe alterar nuestra percepción de la realidad al no tener una base sobre cómo debe ser el abordaje de la misma. En una ocasión un sujeto trató de concretizarse como un postmodernista estructuralista tendiente al neomarxismo ¿Es posible en nuestro pensamiento occidental (disociado) pensarse así cuando no podemos ver una relación al visualizar dos objetos tal como lo ve un individuo nacido en una sociedad pre-capitalista? En la cotidianidad uno dispone de numerosos estatus como establecía Linton en su Estudio del hombre, un actor puede ser padre, hijo, funcionario, ciudadano, hereje, de forma simultánea pero en áreas específicas o en relación con los demás. Resulta inviable a manera de analogía pensar que se puede ser cristiano, budista y una fracción de mahometano, a manera burda de ejemplificación.


Soy consciente de que tener un sólo argumento priva la visión de las cosas, sesga el  conocimiento, sin embargo se nos olvida que la búsqueda de las soluciones, de las hondonadas académicas es colectiva, no aislada. Las cartas de Engels a Marx, de Althusser a Gramsci, donde amistades compartían y buscaban alcanzar una máxima explicativa, constituyen ejemplos impactantes de que la teoría social tiene otros alcances humanitarios, además basta recordar la cantidad de corrientes que se fundaron bajo éste modelo de tipo colectivo.


Ahora lo aceptable es el encierro intelectual, la crítica por la crítica, el pesimismo sobre las corrientes, el conocimiento parcelario, leer críticas sin tiempo para comprender la totalidad del pensamiento, la trascendencia del yo sobre los demás, no retomar los postulados con la finalidad de trabajar en ellos (es que no hizo trabajo de campo ¿Por qué no lo haces tú para comprobarlo y completar la visión?) y el desprecio de autores por herencias orales.


Considero al eclecticismo como un elemento que expresa el rompimiento con lo social, con los grupos académicos, dejándonos en una quietud sin precedentes de diversidades que no se pueden organizar más que por otras estructuras periféricas. Para finalizar, es sabido que nadie quiere estar en una jauría, prefiriendo explorar los lindes del vanguardismo, de la máxima distinción retomando el concepto de Bourdieu, donde lo curioso es que los primeros tienen apoyo, se cuidan y los últimos sólo se tienen así mismos o a uno que otro seguidor que busca en cualquier momento derrotarle sin que nadie pueda o esté dispuesto a defenderle.




Otro día en el tiempo de las formas.