Siempre le molestaba aquel tipo. Su hermano era como una bestia gigantesca ebria. Salía en las tardes con sus amigas y solía presumir sus dotes o afectos ante extraños como yo. Su hermano mayor, el crédulo de José era mucho más torpe. Por alguna razón las gafas le habían encasillado desde edad temprana al estereotipo más soso y eso le impedía tener una vida estándar pues nadie le creía valioso –Ni un centavo José, ni un centavo- le decía su tío cuando pasaba por él a la primaria mientras se rascaba la calva.
José y German se presentaban como un caso de fraternos opuestos haciendo entretenidas discusiones de corte liberal y conservador, de como tratar a las chicas, etc. La verdad es que ambos tenían un pleito interno fortísimo que tenía efectos enormes en la realidad familiar, inclusive frente a amistades haciendo de sus contiendas una cuestión netamente externa.
La neblina que embargaba a José se agrandaba con el favoritismo parental que hacía que todo continuase mal para ellos. Generalmente el abusivo era el tipo admirado, pues German solía arrojar a las chicas como mondadientes además de ser un fulano violento, en cambio José un tipo con pocas luces pero dedicado duraba bastante con sus novias que regularmente estaban cojas o inclusive ciegas como la alegre de Violeta. Sus padres eran gente amable pero con frecuencia defendían a German de situaciones embarazosas con un apoyo implícito, una palmada invisible que de alguna forma jodía enteramente a José y creo yo que ha jodido a toda la humanidad.
José si bien, trataba de guiarse constantemente por lo debido para agradar a sus padres, siendo lo anterior creo yo su mejor error, todo esfuerzo parecía inútil y era por eso que en esa ocasión se mostraba bastante tristón. Tenía múltiples dudas y pretender que yo se las respondiera, la verdad se veía como algo que no iba a pasar ni en una centuria. Para eso les pagaban diezmos a los sacerdotes y a los psicólogos, aunque el asunto de la hermandad me tenía intrigado porque nunca he sabido muy bien de que se trata.
Yo había visto muchas cosas y estaba seguro de que amarse como hermanos consistía literalmente en romperse a pedazos no como lo que pregonaban las series televisivas. Ser hermano se trataba de buscar la forma de derrocar al otro, como una cuestión similar al Edipo de los cuales cabe añadir no salen muchos muy bien librados de por sí. Siempre hay uno que le va bien mientras al otro le va de la tiznada siendo la gran familia humana una hermandad de lo más interesante y bastante horrible. No era Dios ni mucho menos el responsable de hacer esas cosas al menos él tendría ética. Francamente se trataba de otro gastado juego humano que reproducían una y otra vez. Algo tendría que ver con el orden de los nacimientos o quizás el poder de los astros como aseveraba German. Todo era muy bizarro, el estar condenado de alguna forma, una fuerza competitiva precaria detrás de todo asunto o toda acción para ser el único. Ahora añade ser el débil y no el favorito eso te lleva a urgencias sin escalas o bien a villa depresión por tiempo indefinido.
La verdad es que yo no podía ayudar a José en lo más mínimo porque en primer lugar no pertenecía a su familia y tampoco pertenencia a la sociedad que de por sí esta toda revuelta. Recuerdo que sólo me limite a asentir, comiendo mis ricos cheetos naranjas mientras José hablaba y hablaba. Después me quedé pensando que en caso de que no se resuelva la bronca fraterna la sociedad continuaría siendo un mal chiste o bien un gigantesco patio dedicado por completo al fútbol. Todo aquello era horrible, pero tengo que admitir que era bastante reconfortante saber que yo era hijo único.
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